“Cada persona es un mundo, y cada negocio, único”

“Cada persona es un mundo, y cada negocio, único”

Sara acompaña a las personas que quieren emprender a través del Punto de Autoempleo Incorpora de Burgos

Charlamos con Sara, técnica de Autoempleo Incorpora de la Fundación Lesmes, sobre su trabajo, el proceso de emprender y cómo, con mucho seguimiento, apoyo e ilusión ha ayudado a poner en marcha decenas de empresas en Burgos a través del Punto de Autoempleo Incorpora que gestiona la entidad.

Sara lleva tres años apoyando a personas que quieren apostar por el trabajo por cuenta propia a través de la entidad Incorpora Fundación Lesmes. “El colectivo prioritario con el que estoy trabajando es el de personas inmigrantes, seguido de jóvenes con bajo nivel de estudios y mujeres mayores de 40 años”, concreta.

Respecto a los usuarios que se acercan al Punto de Autoempleo Incorpora de Burgos, la técnica comenta que, normalmente, son personas que, o bien no encuentran trabajo, o no quieren trabajar por cuenta ajena. “Suelen tener ideas innovadoras y gran motivación por emprender”, puntualiza.

Acompañamiento personalizado y constante

El trabajo de la técnica de la Fundación Lesmes es muy dinámico, pues, como ella misma explica, “cada persona es un mundo, y cada negocio, único”. Por eso, Sara atiende de forma personalizada a cada usuario: “Desde el punto de vista del autoempleo, el éxito radica en el acompañamiento personalizado y constante. No me marco un número de entrevistas concretas, ni tengo un guion para todos… hay personas que necesitan más atención o más seguimiento porque, por ejemplo, no es lo mismo una persona que apenas conoce el idioma que otra que lleva aquí desde que nació”, aclara la experta en autoempleo.

Explicar y trazar la viabilidad de las empresas es uno de los retos a los que Sara se enfrenta cada día. “En muchas ocasiones hay que realizar planes de empresa para ver la viabilidad de los negocios que quieren poner en marcha, y el lenguaje que se usa no es fácil de entender o interpretar. Además, si hablamos de personas que apenas tienen los estudios básicos terminados, la cosa se complica más”, relata la técnica, y añade: “Sin embargo, esto no es un impedimento porque son personas con ideas increíbles que solo necesitan una pequeña ayuda y, precisamente, los técnicos de autoempleo Incorpora estamos ahí para guiarlos en todo el camino”.

Un cambio de rumbo hacia el autoempleo

“Mi día a día como técnica de Autoempleo Incorpora es una aventura y, por eso, disfruto mucho con lo que hago”, comenta satisfecha la técnica. Pese a que Sara estudió empresariales y trabajó durante más de 10 años llevando la contabilidad de Fundación Lesmes y gestionando proyectos desde la parte económica, hace 3 años que decidió cambiar el rumbo y especializarse en la atención de los emprendedores con más dificultades. “Este proyecto para mí fue un reto personal y profesional. Lo que hacía antes era bastante más tranquilo, pero desde que empecé en la línea de autoempleo del programa Incorpora, no ha pasado un día que sea similar al anterior”, confiesa sonriente, y añade: “Cada día aprendo algo nuevo con los usuarios porque cada día surge algo diferente… no tengo una empresa igual a otra porque cada persona aporta su toque personal. No hay un bar ni una peluquería que sean iguales”.

En su anterior puesto en la entidad Incorpora, Sara se dedicaba más a la parte económica, a la que ahora suma una vertiente más social para tener una visión más global del proyecto de cada persona. “Ahora lo primero que valoro en el plan de empresa es la parte personal del emprendedor, es decir, cuál es su motivación, de dónde viene, cuál es su cultura, sus metas, sus anhelos…”, puntualiza.

Una relación basada en la confianza

“Sin duda, lo mejor de mi trabajo son las personas que acuden a mí con ideas emprendedoras y que, muchas veces, me agradecen estar ahí para cualquier duda que les pueda surgir”, reflexiona la técnica.

Sara se implica en el acompañamiento hacia la puesta en marcha del negocio de sus usuarios, pero su trabajo no termina ahí: “Siempre les digo que mi asesoramiento no termina cuando se crea la empresa, sino al contrario, una vez creada, empieza lo mejor y lo peor, el duro camino de mantenerla, y para eso también estoy ahí. Les insisto en que me llamen, aunque generalmente les llamo yo para que me cuenten cómo va”. Tal es la implicación de Sara, que explica que, incluso, visita los negocios a los que ha dado su apoyo: “Intento visitar a la persona un par de veces al año para ver cómo les va, comprarles algo… simplemente ver cómo siguen, ya que, en ocasiones la cosa no ha ido tan bien como esperaban, y siempre les viene bien un poco de ánimo o algún consejo para darle un impulso al negocio”.

Sin embargo, también confiesa que no todo es agradable y que la parte más difícil es la gestión emocional con algunos usuarios que viven una situación complicada. “No todo el mundo llega en una situación fácil. No es lo mismo una persona que viene con una gran idea en una situación estable con pareja, con trabajo fijo y sin hijos, que una madre soltera que emprende casi por obligación porque es su única salida laboral. En ese momento me cuesta explicarle que quizá esa “gran” idea no es tan brillante y que el plan de empresa y los números apuntan que podría ser un fracaso”, explica y añade: “Para mí es difícil enfrentarme a estas situaciones, pero también encuentro la parte positiva, porque que me voy a casa con la satisfacción de haber hecho lo correcto y haber evitado que alguien en una situación vulnerable empeorara su condición aún más”.

Emprendedoras que son ejemplos de superación

Sara ha ayudado a decenas de emprendedores durante estos años en la Fundación Lesmes, pero recuerda algunos casos con especial cariño por la actitud y motivación de sus implicados. “Tengo muchos usuarios con anécdotas positivas, pero hay un par de personas de las que me siento especialmente orgullosa”, confiesa emocionada.

Por una parte, la técnica destaca el caso de Paula Andrea Obando, la dueña de Dulcemanía, una tienda de golosinas a la que Sara acude a menudo con sus propios hijos; “es preciosa”, comenta. Paula es una madre de cuatro hijos y llegó al Punto de Autoempleo Incorpora con muchas ideas y muchos nervios. “Yo solo plasmé sobre el papel lo que ella tenía en mente”, explica la técnica de Fundación Lesmes, y añade: “Le ayudé a solicitar un crédito a través de Microbank y se lo concedieron”.

Aunque Paula tuvo algunas dificultades para encontrar local y rehízo el plan de empresa en varias ocasiones, al final, el negocio se inauguró y, hoy, sigue en marcha tras dos años de bagaje. “Además, a raíz de la relación con la entidad y el programa Incorpora, los hijos de Paula Andrea también han participado en el programa a través de cursos de soldadura y peluquería, y ambos han encontrado trabajo”.

Por otra parte, Sara comenta: “Tampoco puedo olvidarme del caso de Evelin Quispe, otra madre soltera que, además, tenía a cargo a una persona mayor, su madre”. La hija de Evelin quería ir a la universidad, pero ella, que por aquel entonces trabajaba como camarera, no lo podía costear. “Contaba con toda una carrera en la hostelería que no le permitía ahorrar, ya que también ayudaba a su hermana, que vivía fuera de España”. Finalmente, y tras pasar por el Punto de Autoempleo de Fundación Lesmes, la emprendedora pudo poner en marcha “La Barrica”, un bar situado en Burgos que, en palabras de Sara, “sirve las mejores empanadillas caseras y tortillas de patatas de la ciudad”. Un negocio que ha sido todo un éxito gracias a la voluntad de la emprendedora: “Es toda una campeona y un ejemplo para cualquiera”, concluye Sara.

Durante el 2019, el Punto de Autoempleo de Burgos facilitó la puesta en marcha de 62 empresas nuevas que, a su vez, crearon 64 inserciones laborales de personas en riesgo de exclusión.

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